El sueño de las palmeras
¿Quién no ha soñado alguna vez con hacer las maletas y empezar de nuevo en algún lugar donde brille el sol y la vida parezca más fácil? En Mauricio, por ejemplo, entre aguas turquesas, palmeras y esa brisa cálida que te acaricia la piel.
Mi amiga y coach Isabell hizo realidad ese sueño junto a su marido y su hijo pequeño. Querían vivir allí y, para hacerlo, dejaron atrás la vida que conocían.
Entonces la admiré por su valentía y su confianza en la vida. Seis meses después estaba de vuelta en Berlín. Y hoy la admiro todavía más.
Cuando el paraíso no es tu lugar
En el pódcast, Isabell me contó por qué ella y su marido decidieron volver a Berlín. Lo que más pesó fue ver cómo estaba su hijo, que cada vez se encerraba más en sí mismo y lo estaba pasando francamente mal. Echaba de menos a sus amigos y, sobre todo, poder expresarse en su propio idioma.
Isabell y su marido veían cada vez con más claridad cuánto le faltaba todo lo que le resultaba familiar. Por muy azul que fuera el mar, su hijo estaba cada día peor.
Una decisión así remueve por completo ese nuevo comienzo que se había planeado en pareja. Se dejan muchas cosas atrás, se invierte dinero y uno se imagina toda una vida. Renunciar a ese proyecto requiere valor, especialmente cuando tenías tantas ganas de que saliera bien.
Dar media vuelta también es avanzar
Nos encantan las historias de quienes se atreven a empezar de nuevo. La mujer que deja su trabajo y abre una cafetería en Bali, o la familia que se muda al campo. Las celebramos y las compartimos.
De la vuelta casi nadie habla. Suena a fracaso, a «al final no les salió bien», a esa palmadita en el hombro acompañada de una mirada de lástima.
Conozco esa presión. Treinta años trabajando en ventas me dejaron grabada la idea de que hay que seguir adelante y no rendirse. Durante mucho tiempo creí que aguantar era siempre la decisión más valiente.
Hoy sé hasta qué punto el miedo a lo que piensen los demás puede mantenernos aferradas a una decisión.
A veces seguimos porque nos cuesta reconocer, incluso ante nosotras mismas, que aquello que tanto deseábamos no nos está haciendo bien.
No puedo saber qué peso tuvieron esos pensamientos para Isabell. Lo decisivo fue ver cuánto sufría su hijo. Ella y su marido se tomaron ese sufrimiento en serio y cambiaron el plan que habían hecho juntos.
A veces hace falta más valor para volver que para marcharse. Cuando te vas, te sostiene la ilusión de una nueva vida. Cuando vuelves, tienes que reconocer que ahora necesitas algo distinto de lo que creías entonces.
Volver no es volver a ser la de antes
Y aquí viene lo más bonito. Al regresar a Berlín, Isabell no retomó sin más su antigua vida. La mujer que volvió ya había cambiado.
Reorientó y amplió su trabajo como coach y dio una conferencia que tuvo un gran impacto. Lo vivido en Mauricio forma parte de su historia y está presente en su trabajo.
Hay algo en todo esto que me hace pensar: podemos regresar a un lugar conocido, pero nosotras volvemos cambiadas. Las calles siguen siendo las mismas, aunque lo que hemos vivido haya transformado nuestra manera de mirar la vida.
Me gusta esa idea. Un rodeo también es un camino, y a veces es precisamente ahí donde aprendemos algo que nunca habríamos descubierto siguiendo la ruta prevista. Al fin y al cabo, la vida es un baile en el que dar un paso atrás también forma parte del movimiento.
Isabell cuenta su historia en nuestra conversación, grabada en alemán. La encuentras en YouTube, en Spotify y en leuchtturmfrauen.de.
¿Y tú? ¿En qué parte de tu vida sigues aguantando, aunque tu corazón lleve tiempo pidiéndote que des media vuelta?